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Unidos contra la pobreza


MEDIO AMBIENTE Y POBREZA,en detalle:

Los recursos naturales no sólo son indispensables para la vida (aire puro, tierras fértiles, árboles que transforman el dióxido de carbono en oxígeno). También representan el recurso económico esencial de cientos de millones de personas. La degradación de los suelos provocada por la erosión, el uso o abuso de productos químicos, el pastoreo excesivo, o la salificación derivada de la mala gestión de los recursos hídricos se traduce por una disminución de los ingresos de los pequeños agricultores y les condena a la pobreza.

La pobreza conduce a la deforestación, por el uso poco juicioso de la madera y de otros recursos necesarios para la cocina, la calefacción, la construcción de viviendas y la fabricación de objetos. La deforestación priva de recursos vitales a los más vulnerables y acelera el proceso que relaciona pobreza y degradación del medio ambiente.


La contaminación del aire, el agua y la tierra no sólo destruye los activos económicos, sino que además es una amenaza para la salud de los habitantes. La contaminación del aire causada por las técnicas de producción contaminantes que los pobres utilizan por ignorancia o por incapacidad de invertir en tecnologías respetuosas con el medio ambiente, también es responsable del recalentamiento de la tierra y de los cambios climáticos que los países pobres no tienen medios de combatir. La contaminación del agua, originada por la falta de información sobre una buena gestión de este recurso, acarrea la esterilización de las tierras. Pone en peligro la pesca, y es la causa de la aparición de ciertas enfermedades, cuyas consecuencias afectan especialmente a los pobres.


A menudo, la pobreza confina a los pobres de las zonas rurales en tierras poco productivas, lo que contribuye a acelerar la erosión de los suelos. Por falta de recursos, los barrios pobres no pueden organizar la recogida de basuras, que se acumulan y deterioran la salud de los habitantes. La mala utilización de los recursos energéticos conduce al despilfarro y al aumento del coste de la energía a niveles que la hacen inaccesible para los pobres.

El acceso universal a la educación básica y a la formación profesional, la difusión de información en las comunidades sobre métodos agrícolas apropiados, la gestión de los residuos y de los recursos naturales, la protección de los litorales, la gestión de los recursos hídricos y de las pesquerías son fundamentales para la reducción de la pobreza y la limitación de sus efectos sobre el medio ambiente. Las medidas emprendidas para detener la deforestación y los programas de reforestación pueden garantizar un mejor uso de los recursos naturales en favor de los pobres. La producción local a bajo precio de calderas y aparatos de cocina que consuman poca energía debería reducir considerablemente el gasto energético de los hogares desfavorecidos, protegiendo al mismo tiempo el medio ambiente.


La cooperación internacional es necesaria para sustituir las tecnologías de producción perjudiciales para el medio ambiente por otras que lo respeten y para la protección del patrimonio común. El apoyo a los ayuntamientos y a las organizaciones comunitarias, especialmente en materia de gestión de los residuos, puede crear empleos y reducir la presión sobre el medio ambiente.


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